22. Las hostilidades se acumulan

Los diarios se venden porque prometen noticias esperadas o sorprendentes, de personajes atractivos, no publicidad nueva, ni la reimpresión de historias del pasado. Los noticieros de televisión se producen todos los días y mucha gente los sigue, porque han convencido a los espectadores de que necesitan estar informados sobre una actualidad que siempre cambia.

Cuando los periodistas olvidaron el falso anuncio de la bomba puesta en la Casa del Adulto Mayor, que no tuvo myores consecuencias, ni se refería a personajes famosos, apenas tres días más tarde (porque más tiempo no hace falta para que la prensa cambie de tema, si no pasa nada nuevo), comenzaron a llegar las cartas anónimas.

Hubo casi una docena de cartas compuestas por palabras que habían sido recortadas de titulares de diarios y revistas, para pegarlas a continuación, en otro orden. La primera decía:

¡ESTAMOS HARTOS DE LOS VIEJOS!

Clotilde era la encargada de recibir la correspondencia y si bien estuvo de acuerdo con la primera, hubiera preferido que el mensaje llegara firmado.

-Los abuelitos deberían quedarse tranquilos en sus casas, y no tendrían tantos enemigos –dijo.

La siguiente carta sin firma era más larga (se notaba que los autores estaban aprendiendo a utilizar las palabras recortadas) y decía:

SI ESTÁN JUBILADOS…

¡VÁYANSE A DESCANSAR

LO MÁS LEJOS POSIBLE, DONDE NO NOS

AMARGUEN LA VIDA,

O SE ARRPENTIRÁN!

Bastó la llegada del segundo anónimo para que Clotilde entrara en pánico. El tercero no mejoró las cosas. Decía:

¡TERMINEMOS CON LOS VIEJOS!

NO PERMITIREMOS QUE EN ESTA COMUNA

ANDEN AFEANDO LAS CALLES.

El cuarto anónimo que abrió Clotilde, no dejaba muchas dudas:

¡PUM! LA PRÓXIMA VEZ SERÁ EN SERIO.

Los bromistas (o quizás los terroristas) de la bomba, se dijo Clotilde, no se habían conformado con darle un susto a ella, que no tenía ninguna responsabilidad en las locuras de los viejos. Ahora parecían decididos a terminar con la Casa del Adulto Mayor. Si el Alcalde la clausuraba, por considerarla un programa que perturbaba la paz social ¿dónde diablos la mandarían a ella?

A Clotilde le hubiera encantado acusar a alguien de la campaña de anónimos, pero no sabía a quién. De pronto ella se descubría en el centro de una guerra cuyas razones no llegaba a entender y sin embargo podían perjudicarla, justo cuando su objetivo era tejer ese abrigado suéter de hombre, terminado el cual tendría que encontrar a alguien (tal vez un novio) a quien pudiera regalárselo.

La secretaria del Alcalde no quiso molestar a su jefe, cuando Clotilde apareció por el municipio con los primeros anónimos.

-Un día de estos van a volar la casa conmigo dentro –argumentó Clotilde-. Cuando ocurra una tragedia, se acordarán que yo se los anuncié y no me escucharon.

-¿Tú crees que don Ramiro no tiene otra cosa que hacer?

-Están amenazando a los viejos. De mí no dicen nada, pero estoy segura de que me convertiré en la primera víctima.

Tanta fue la insistencia, que finalmente Clotilde logró que el Alcalde la recibiera y su respuesta la desubicó todavía más.

-Vamos a entregar estas cartas a la policía. Ellos tienen especialistas que no tardarán en averiguar de dónde las enviaron, si se trata de un grupo terrorista o unos chistosos que se aburren. Hay que localizar a los responsables y ponerlos en manos de la Justicia, para que los castiguen como se merecen.

-Por favor -le rogó Clotilde- aclaren todo antes de que me arruinen los nervios.

-¿Usted sospecha de alguien?

-No. De nadie. ¿Quién podría…?

-¿Los viejos conocen las amenazas?

-¡No! Yo no les dejo ver la correspondencia oficial.

-Será mejor que no les oculte nada -decidió el Alcalde-. Fotocopie los anónimos y muéstrelos, para que los viejos conozcan la situación y sepan a qué atenerse. Con que se asusten la mitad de lo asustada que la veo a usted, .

-Pero, don Ramiro.. Yo no entiendo…

El hombre no le dio más explicaciones. Imaginó que la oportuna llegada de las cartas lo ayudarían a desocupar lo antes posible la Casa del Adulto Mayor. Si los viejos se asustaban, la Casa podría cerrarse en cualquier momento y nadie protestaría. ¿Cómo no se le había ocurrido antes? Don Ramiro no tenía la menor idea de quién podía estar de los anónimos, sin embargo. Y eso no dejaba de preocuparlo.

Clotilde reunió a los estudiantes del taller y les repartió fotocopias de las cartas que les quitaban el sueño.

-¿Qué está pasando? -preguntaba Fedora a sus amigos, y nadie tenía una respuesta satisfactoria.

-¿Por qué nos odian? Nosotros no molestamos a nadie -repetía don Manuel, desconsolado.

-No puedo creer que haya personas tan desalmados.

No era cierto. De vez en cuando, los diarios y la tele traían historias alarmantes de chicos malos que asaltaban supermercados, robaban las carteras a las abuelas o chocaban el auto nuevo del padre contra un poste, después de haberse atosigado de drogas y cerveza.

En esos momentos, Fedora invocaba a su ángel protector y se persignaba para que tanta maldad no la tocara.

-Debe ser que se acerca el fin del mundo -decía-. Todo está al revés. No hay respeto. La fuerza es lo único que importa.

-Quieren asustarnos -apostaba Margot.

-Ya lo consiguieron -dijo Nidia.

Ella había decidido que era demasiado cobarde para desafiar a los desalmados que los amenazaban, el Diablo sabía con qué propósitos. Esa tarde iba a ser la última vez que asistía al Taller, anunció.

-¿Por qué? -preguntó doña Desorden-. Son cartas que cualquiera puede mandar. ¡Todavía no nos ha pasado nada!

Habían dejado de esperar que explotara una bomba, porque la bomba no llegó existir, ni siquiera una de estruendo o mal olor. Cualquier desequilibrado que fuera capaz de leer y escribir (o en ese caso, capaz de recortar las palabras de un diario para pegarlas a continuación en otro papel), podía darse el gusto de amenazarlos. No por eso ellos iban a huir de esa casa donde ocurrían tantas cosas buenas, cada vez que se reunían.

Para evitar que sus estudiantes se asustaran más de lo que estaban, doña Desorden decidió no contarles que en el buzón de su casa había encontrado otro anónimo:

¡ALÉJATE DE ESOS VIEJOS

SI APRECIAS TUS PINTURAS!

Por lo tanto, los enemigos del grupo la habían estado espiando a ella, conocían su dirección, su profesión, detalles concretos de su vida. Tal vez dispusieran de llaves maestras, como esas que usan los ladrones de las películas y ninguna cerradura es capaz de resistir, o tal vez ya se hubieran metido en su casa, aprovechando que los albañiles, pintores y carpinteros entraban y salían. Doña Desorden no quería continuar pensando en el tema de la seguridad de una casa que no tenía alarmas, porque se sentiría mucho peor.

Cuando ahorrara un poco dinero (¿cuándo sería ese momento?), podría darse el lujo de instalar rejas de hierro que protegieran todas las ventanas, aunque al hacerlo arruinara la vista del jardín. Compraría una alarma de esas que al ser activadas por la presencia de un extraño activan luces deslumbrantes y sonidos que pueden ser oídos a doscientos metros de distancia, cuando no se encuentran conectadas directamente con la próxima estación de policía.

¿Qué otra precaución debía tomar para defenderse de unos enemigos que no sospechaba quiénes podían ser? ¿Comprar un perro grande y cruel, que le costaría una fortuna alimentar con carne cruda y le destrozaría las plantas del jardín? ¿Tendría que poner vidrios rotos pegados con cemento, en lo alto de la medianera?

Ella no estaba dispuesta a confesar que la idea de la violencia que no había ocurrido aún, que no pasaba de ser un producto de su imaginación, ya le estaba quitando el sueño y el apetito.

¿Por qué la habían elegido a ella como víctima? ¿Acaso creían que guardaba dinero en su casa? Nunca más del necesario para las compras de la semana. Joyas no tenía. ¿Quién iba a confundir las fantasías de vidrio y plástico? ¿Desde cuándo alguien pretendería robarle sus cuadros?

Ojala sus cuadros fueran tan valiosos, que alguien tratara de llevárselos para venderlos en el extranjero, porque entonces la noticia aparecería en los diarios, en la tele, y todo el mundo se enteraría de que ella no estaba tan muerta como se pensaba.

(Continúa)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: