9. Adolescente Supermalvado se entrena

Luis Alberto dibujaba. Lo hacía en secreto, desde hacía meses, encerrado en su cuarto, cuando no había testigos que lo interrumpieran, como si fuera una actividad reprochable, porque temía que si su abuela llegaba a enterarse, decidiría enseñarle a pintar de verdad (cuando a él le causaba espanto lo que su abuela pintaba) y la tendría todo el tiempo preguntándole que había hecho últimamente, corrigiendo esto y aquello otro, aunque fuera para elogiarlo después.

-Luis Alberto –llamaba su hermana Carolina desde el pasillo, al comprobar que la puerta estaba cerrada.

-No molestes –le gritaba él.

-¿Por qué te encierras? Abre o le cuento a mamá.

Eso era intolerable, que Carolina lo acusara de lo mismo que él la había acusado pocos días antes.

Luis Alberto dibujaba sin lápices ni papeles, con las herramientas de un programa de computación, y luego guardaba sus creaciones poniéndoles títulos que disimulaban el contenido. Las titulaba: Ejercicio Matemáticas 14, Mapa Inglaterra 32, Criptógamas y Fanerógamas 5, seguro de que a ningún miembro de la familia se le ocurriría investigar. En realidad, eran los personajes de un comic en el que trabajaba sistemáticamente desde el último verano, que contaba las aventuras de un joven millonario, vigilado por los administradores de su fortuna, que solo quería dedicarse a impartir la justicia, en un mundo poblado de ladrones y mujeres traicioneras.

-La gente que no tiene nada que ocultar, no se encierra –insistía Carolina.

Luis Alberto abrió la puerta, porque pelearse con su hermana, era buscarse una enemiga que prefería no tener.

-¿Quieres ver? Yo no escondo nada. Solo chateaba.

-¿A ver? –Carolina había entrado y buscaba quién sabe qué. Olía en busca de restos de humo de tabaco, pasaba revista a la pantalla donde efectivamente se desarrollaba un diálogo aburrido a más no poder, entre dos participantes de un chat, de quienes no se sabía dónde estaban, ni quiénes eran, ni qué pretendían, fuera de escapar de la soledad.

LALI dice: Komo Stas?

PILI dice: Dime tu 1º.

LALI dice: Yo T pregunté anTs. Responde.

PILI dice: K T importa?

LALI dice: Lo 100to. Ablar contigo S perder el tiempo.

PILI dice: jajaja.

LALI dice: D K T ries?

Carolina estaba mirando a su hermano. Era apenas un año mayor que él, pero se sentía con experiencia suficiente para aconsejarlo.

-¿Para esto te encierras?

-¿Qué no intentaría yo, con tal de no verte más la cara?

Eso bastaba para molestar a Carolina, de acuerdo a lo que sabía Luis Alberto. Su hermana se indignaba y al menos por ese día y el siguiente no le hablaba, juraba que no iba a preocuparse por él durante el resto de su vida, y eso permitía que Luis Alberto disfrutara una tregua, durante la cual dibujaba sin que lo interrumpiera.

Tarde o temprano, la indignación de Carolina quedaba en el olvido, o Luis Alberto la buscaba para comentarle algo y ella simulaba no escucharlo, pero finalmente le respondía como si nunca se hubieran peleado, porque si se descontaba a la Nana (que escuchaba música mientras ordenaba la casa) y al jardinero (que estaba obsesionado con las carreras de caballos), lo más probable es que los dos hermanos no tuvieran a nadie más con quien hablar, y la tele y el teléfono celular e Internet, que de acuerdo a los cálculos de sus padres hubieran debido mantenerlos comunicados y entretenidos las veinticuatro horas del día, terminaban por causarles algo parecido a la náusea.

Tenían que encontrarse con otros seres humanos, tenerlos cerca, ver sus reacciones, hablar con ellos y eventualmente tocarlos. Resultaba estúpido necesitar eso en estos tiempos modernos, pero después de haber pasado la mayor parte del día ante una pantalla, lo más urgente era encontrarse con alguien de carne y hueso.

En una de esas crisis, Luis Alberto decidió que dibujar un comic no era solución de su vida, sobre todo por su fracaso cuando intentaba representar la capa en vuelo del protagonista. Lo que más deseaba era vivir en la realidad las aventuras que había imaginado (aunque no usara la incómoda capa que en la realidad nunca volaba tanto como en los dibujos). Luis Alberto no era un millonario huérfano de veinticinco años, que luchaba contra criminales deformes y mujeres de grandes senos, pero de todos modos podía organizar una doble identidad y obligar a la comunidad a fijarse en él.

Luis Alberto tenía una bicicleta. Sus padres se la habían comprado para que hiciera ejercicio, después de que el médico les dijo que la comida chatarra y la vida sedentaria que llevaba, podían convertirlo en un adulto obeso. Él prefería la patineta, pero su madre se espantaba al ver que se deslizaba a toda velocidad por una calle en pendiente que desembocaba en una de las avenidas con más tránsito de la ciudad.

Con la bicicleta, un spray de pintura negra, una chaqueta con capucha, anteojos negros y algo de mala voluntad, Luis Alberto podía comenzar su carrera de Supermalvado, con doble identidad y todo lo necesario. A último instante, decidió que sería más divertido asustar a la gente que ayudarla.

PREPÁRENSE, PORQUE LES LLEGARÁ LA HORA, escribió en una pared. Le llevó un buen rato trazar las treinta y dos letras y nadie lo interrumpió, a pesar de que pasaron varios autos por esa calle de un barrio elegante de la ciudad, en el que no había inscripciones en los muros. Hubiera podido firmar 666 o algo no menos amenazante, que no se le ocurrió, pero comprendió que al permanecer allí se exponía demasiado. Huyó del lugar y dos cuadras más abajo encontró una pared tan blanca como la anterior, que no pudo resistirse.

SE ACERCA LA HORA, escribió. Solo 14 letras. Iba progresando. Con el teléfono celular registró una imagen de su inscripción para el recuerdo. Cinco calles más abajo se le ocurrió escribir OTREBLASIUL, que eran las letras de sus dos nombres al revés, para que fueran más amenazantes, pero antes de trazar las últimas tres se arrepintió, porque si buscaban al responsable, no costaría mucho darse cuenta de su verdadera identidad (¿cuántos Luises Albertos podía haber en el barrio?).

Ya estaba imaginándose obligado a pintar cada una de las murallas que había ensuciado, mientras los periodistas de la tele registraban su humillación. Por las dudas, agregó cuatro números delante, una letra detrás, y comprobó satisfecho que su graffitto (porque eso era) ya no significaba nada, razón por la cual no lo delataría, pero tampoco amenazaba a nadie.

Luis Alberto se las compuso para regresar a su casa tomando un desvío, por si lo seguían. Durante el camino, se quitó la chaqueta y los lentes oscuros. Como estaba seguro de que nadie lo reconocería, volvió a pasar frente a la primera pared, se detuvo a fotografiarla, cuando dos viejos salían de la casa y descubrían su obra.

Luis Alberto no quiso mirar más. Mientras pedaleaba, avergonzado hasta la raíz de los cabellos, una idea molesta comenzó a formarse en su cabeza. ¿Qué estaría pensando los viejos? Tal vez no había sido una gran idea dejarles ese mensaje que ellos podían interpretar a su manera, como una amenaza efectiva. Solo había sido un juego, se dijo. No intentaba hacerle mal a nadie. Regresaría más tarde y agregaría DE SER FELICES. Llegaba la hora de ser felices para ellos también. ¿No era el mensaje más apropiado para dos abuelitos inocentes? Lo más probable es que ellos lo vieran de otro modo, como una muralla arruinada por algún chico imbécil, como ese que pasaba en bicicleta y se había detenido a fotografiarlos.

Luis Alberto sudaba frío. Esos viejos pueden tener muy buena vista, gran memoria y tiempo de sobra para comenzar a buscarlo por el barrio, hasta localizarlo y acusarlo del crimen que había comedio. Los Supermalvados nunca se salen con la suya en los comics. Tampoco mueren, pero cada vez que intentan algo, los Superhéroes los derrotan y (lo más probable) despiertan por las noches, arrepentidos de sus actos, que no pueden enorgullecer a nadie. (Continúa)

NOTA: lector(a), anota tus experiencias y opiniones sobre el tema, a continuación, utilizando el recuadro que sigue a este capítulo. No es improbable que tengas algo que decir, aunque no acostumbres a hacerlo por escrito. Solo es cosa de intentarlo. O.G.

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One Response to 9. Adolescente Supermalvado se entrena

  1. Marcos dice:

    Muy buen articulo.-

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